El primero de febrero del 2026, Costa Rica celebró elecciones presidenciales y legislativas en las cuales la derechista Laura Fernández Delgado obtuvo una victoria contundente, superando el umbral necesario del 40% para evitar un balotaje.
Su campaña se centró casi totalmente sobre una promesa: continuar lo que Rodrigo Chaves empezó en el 2022.
Menos de una semana después de que las autoridades electorales declararan como ganadora a Laura Fernández, Rodrigo Chaves la nombró como la nueva Ministra de la Presidencia, reforzando la idea de que este nuevo gobierno es una continuidad del anterior.
El gobierno de Fernández, ahora con una mayoría sin precedentes en la Asamblea Legislativa, se prepara para definir la política interior y exterior de Costa Rica en los próximos años.
Se ha comprometido a combatir duramente el crimen y quiere construir una gran prisión militarizada, basada en el llamado “Centro de Confinamiento del Terrorismo” (CECOT) construido por el líder pro estadounidense de El Salvador, Nayib Bukele.
Inmediatamente después de su victoria, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, felicitó públicamente a Fernández, viendo su triunfo como una oportunidad para profundizar la cooperación en temas como el narcotráfico, la inmigración y la ciberseguridad.
El gobierno de Donald Trump apoyó abiertamente a Fernández. Cuando Rubio visitó Costa Rica en febrero de 2025, se reunió con ella.
En una conferencia de prensa durante su viaje a Costa Rica, Rubio elogió a Fernández como una “fuerte aliada de Estados Unidos” y señaló con satisfacción que se opondrá a China, porque comprende las supuestas “amenazas que representan las empresas chinas”.
El presidente corrupto, pro Trump y pro Israel de Costa Rica, Rodrigo Chaves
Washington ha colaborado estrechamente con Rodrigo Chaves a lo largo de su presidencia, lo que ha propiciado una transición fluida, con continuidad política en vez de cambio.
Esto es un buen augurio para Estados Unidos, que siempre ha visto a Chaves como un aliado y ha buscado defenderlo, incluso en medio de escándalos de corrupción.
En 2025, la Embajada de Estados Unidos en Costa Rica se reunió con diputados de diferentes grupos políticos para presionarlos a votar en contra del levantamiento de la inmunidad del presidente Chaves, tal y como lo solicitó la Corte Suprema de Justicia, lo que le habría permitido enfrentar un proceso penal por el delito de concusión.
Tras su victoria, Laura Fernández mantuvo una conversación telefónica amistosa con el presidente saliente Chaves, quien se dispone a asumir un cargo en el gabinete del nuevo gobierno para mantener su inmunidad. La decisión de Fernández de nombrarlo miembro de su gabinete le otorgaría inmunidad por cuatro años más.
El gobierno de Chaves se caracterizó por varias decisiones geopolíticas que enfrentaron el escrutinio internacional, como la promoción de un tratado de libre comercio (TLC) con Israel, que la Relatora Especial de la ONU, Francesca Albanese, denunció públicamente.
Al ser cuestionado durante una conferencia de prensa sobre la firma del tratado de libre comercio (TLC) con Israel mientras este comete un genocidio y enfrenta la condena internacional de numerosos grupos de derechos humanos y organizaciones de la sociedad civil, Rodrigo Chaves replicó con desdén: “¿Sabe qué? Lo voy a firmar con este lapicero si me toca a mí. Muchas gracias”.
Aunado a eso, a dos diputadas liberales en lo económico y otras figuras institucionales se les revocaron las visas estadounidenses tras la visita a Costa Rica del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, quien advirtió que los funcionarios políticos enfrentarían “consecuencias” si las autoridades estadounidenses los consideraban un “riesgo para la ciberseguridad”.
Esta presión, a su vez, ha convertido a Costa Rica en el único país latinoamericano que excluye a las empresas chinas de sus redes 5G, deteniendo así el desarrollo frente a las presiones estadounidenses.
Finalmente, la campaña de Laura Fernández celebró el secuestro ilegal del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos, perpetuando la falsa y ya desacreditada narrativa de que Maduro es un “narcodictador”.
El proyecto político de Chaves y su continuación a través de Laura Fernández muestra una alineación subordinada a la extrema derecha y a los intereses estadounidenses.
Esta ruptura con el sistema político tradicional costarricense se hizo explícita en el discurso de victoria de Fernández, donde decretó el “fin de la Segunda República” y convoca a una Asamblea Constituyente para promulgar los profundos e irreversibles cambios constitucionales a su discreción.
Continuidad del proyecto de Rodrigo Chaves
El perfil político de Fernández es inseparable del de Rodrigo Chaves. Formó parte del gabinete de Chaves como Ministra de Planificación y Ministra de la Presidencia.
El panorama electoral estuvo marcado por las encuestas que mostraban a Fernández liderando la contienda con márgenes abrumadoramente significativos mucho antes del día de las elecciones y una campaña centrada en promesas sobre la “continuidad del cambio”.
Más importante aún, el recién formado Partido Pueblo Soberano (PPSO), alineado con Chaves, obtuvo una mayoría legislativa histórica y sin precedentes, al obtener 31 de los 57 escaños en la Asamblea Legislativa; un marcado contraste con los 10 de los 57 escaños que Chaves obtuvo en 2022.
Ningún partido político en Costa Rica ha logrado una mayoría tan significativa en la Asamblea Legislativa desde hace más de cuatro décadas, lo que le otorga una base ejecutiva y legislativa unificada que ahora tiene una capacidad sin precedentes para impulsar su agenda: profundas reformas institucionales, control presupuestario y la búsqueda de cambios constitucionales con mayor agresividad que los gobiernos anteriores.
Lo que significa para la región
Las implicaciones de la presidencia de Fernández van más allá de la política nacional: su victoria representa un nuevo éxito para los movimientos populistas de derecha en América Latina, tras los acontecimientos en Honduras con Nasry Asfura, Chile con José Antonio Kast, Rodrigo Paz en Bolivia y otros lugares.
Estos gobiernos, respaldados por Estados Unidos, refuerzan un patrón regional de retórica divisiva y obediencia desenfrenada a las agendas de Trump.
El cambio y la consolidación de la continuidad, ahora gracias a su mayoría en el cuerpo legislativo, se suma a una lista de acontecimientos similares en la región, lo que contribuye, en general, a una mayor alineación y cohesión de los regímenes de extrema derecha y afines a Estados Unidos.
Las elecciones costarricenses de 2026 no pueden entenderse de forma aislada. En casos como estos, donde un candidato sucesor hereda no solo las prioridades políticas, sino también el impulso y el poder institucional, la continuidad política interna a menudo profundiza alineamientos geopolíticos más amplios.
Estas elecciones podrán ser recordadas, en última instancia, como la oportunidad en la que el proyecto político incipiente, inicialmente engendrado por Rodrigo Chaves, entró en una nueva etapa, ahora respaldado por una consolidación e influencia institucionales mucho mayores.











